Ministerio Pastoral Penitenciario
La persona llamada a este Ministerio tiene que saber que la obra es de Dios y para Dios, y por ello debe tener una mente abierta y desprovista de prejuicios y fanatismos.
Desde el primer instante el Voluntario se va a encontrar con personas desesperanzadas, muchas de ellas abandonadas a su suerte, con sus hogares y sueños destrozados, vidas rotas y fraccionadas en la incertidumbre de los días, meses y años que pasan; en ansiedades, odios, sed de venganza, y desesperados gritos que emergen desde el fondo de sus almas desgarradas.
En su interior, la cárcel es dura, cruel, dolorosa y nauseabunda. De ella se habla mucho como estigma y muy poco con el amor misericordioso de Jesús. Allí, se manifiesta a diario la muerte con todas sus secuelas, y quien entra a realizar misión cristiana debe ir tocado de una especial unción del Espíritu Santo, a fin de ser instrumento de Dios para sanar heridas y lograr "resurrecciones". Rom. 1:16.
En la cárcel la soledad se vierte densa como una masa estática que gravita día y noche sobre la humanidad de los internos que sufren y esperan.
Si a usted le interesaría participar en este ministerio favor de comunicarse a la oficina al
707 837-8962